Del “gaudium” a la “laetitia”, es decir, del evangelio al amor

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

Al Padre Gregorio Reyes

con gratitud por su testimonio sacerdotal

amoris-laetitiaLa Iglesia vive cada año dos grandes momentos penitenciales: el adviento y la cuaresma. Convencida de que el pecado nos roba la verdadera alegría, la Iglesia nos invita a retornar a esa siempre perenne, esa que brota de cumplir la voluntad de Dios. El tercer domingo de Adviento y el cuarto de Cuaresma son llamados del “gaudete” y del “laetare”, respectivamente, y son una invitación al gozo y la alegría: si bien es cierto que hemos pecado, el Señor Resucitado nos renueva con su misericordia. Es significativo pues, que dos de los grandes documentos del Papa Francisco hagan referencia a estos dos temas: La Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium” sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual y la de reciente publicación, luego de dos Sínodos de los obispos: “Amoris laetitia” sobre el amor en la familia (8 de abril de 2016).

El Papa Francisco es decididamente un hombre a quien ha correspondido aplicar el Concilio Vaticano II, primero como sacerdote y Obispo, ahora como Romano Pontífice. Ya las primeras palabras de su nuevo texto ponen en evidencia esa tarea: cuando dice que “la alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia” (n. 1) parece ser un eco de Gaudium et Spes n. 1: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.

Otra muestra de esa convicción conciliar o sinodal es la voluntad de caminar juntos y en la libertad de los hijos de Dios: el dogma no es punto de llegada, sino de partida; es decir, no todo está dicho, existe “la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales” (n. 2); y privilegiando que “en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis”, reafirma el principio de sabio legislador y pastor prudente: “en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas” (n. 3).

El documento es sólo suyo, sin embargo el Papa está lejos de una voluntad dictatorial, él mismo aclara: “agradezco tantos aportes que me han ayudado a contemplar los problemas de las familias del mundo en toda su amplitud […] por ello consideré adecuado redactar una Exhortación apostólica postsinodal que recoja los aportes de los dos recientes Sínodos sobre la familia, agregando otras consideraciones” (n. 4). La Comunión y el primado del Romano Pontífice hacen así que el concepto de democracia sea innecesario en la Iglesia, pues son realidades más profundas que surgen del Espíritu, pues es el mismo Espíritu quien otorga diversos dones y los mantiene en la unidad.

El objetivo del documento es esencialmente doctrinal, con un fundamento bíblico; mira la realidad en toda su complejidad para “mantener los pies en la tierra”, propone caminos pastorales llenos de misericordia frente a esas “situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone” e incluye líneas de espiritualidad familiar (cfr. n. 6). Que nadie busque ahí pues, lo que no es el objetivo del documento, así nadie se sentirá defraudado y sí encontrará caminos de libertad de pensamiento y acción, caminos de conversión.

En estos dos grandes documentos el Papa nos invita a descubrir esa alegría que viene de Dios, esa que los santos han experimentado y nada ni nadie les ha podido quitar, y que no se vive de modo aislado ni es una cierta “perfección” intimista, sino que se manifiesta en medio de los otros, en medio de la familia; es “ese gozo, efecto del amor fraterno, no es el de la vanidad de quien se mira a sí mismo, sino el del amante que se complace en el bien del ser amado, que se derrama en el otro y se vuelve fecundo en él” (n. 129); es el Evangelio de los hijos de Dios, de esos que han regresado a casa luego del extravío, y también de los que se han quedado en casa y son invitados a sentarse a la mesa con el hermano que regresa. La vida del cristiano debe ir del gozo a la alegría sin ignorar la cruz. Leamos en familia el nuevo documento del Papa.

 

 

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